Hay que decir que siento olor de café en el aire. Ay Dios, café con almendras. Tengo las esperanzas encendidas, como cuando miraba por la ventana un desbordamiento tan inmenso de felicidad, que mis ojos bailaran por todo el cielo. El consuelo de cafetería en días nubosos, tráigamelo. La tranquilidad de parques en días de sol ardiente, dámelo! Los tiene, estan en la manera de sonreír, ya he visto y no hay engaño.
Mira que soy tormenta, un volcán, un sismo, un mar tan revuelto que puede tragar y destrozar, así que serenidad me encanta. Pero en mi hay mucho más que tardes negras y demencia. Soy un pañuelo con florecitas de colores. Y además te quiero vivo, entero como veniste, con tu primavera, pues ella trae renacimiento - y Dios se lo sabe como me hacia de menos el amarillo de la vitalidad. Es que te quiero en la lluvia, en nubes cargadas para que la necesidad sea refugiarse bajo edredón, susurrando, así con voz escasa, hasta que los dragones se vayan, hasta que nuestro nido tenga seguridad. Suena como fantasías de mientes seniles, pero ¿no son estas las que tienen un valor indispensable? En esta confusión, en este laberinto de sentimientos, yo sé que estoy certa. Las locas sí tienen todo sentido del mundo - por lo menos, de mi mundo.
Por uma Caroline Mantovani absolutamente enferrujada no espanhol.


